1/26/10 02:29 am - Sin lluvia en los tejados, ni cartas del pasado
Hacía mucho tiempo que no entraba aquí. Muchos cambios, alegrías, lágrimas, sonrisas altas y tristezas (de las más oscuras).
Cada día que pasa tengo una nueva pena, más insomnio, y más adicción a cualquier nueva pastilla para dormir.
Tres días de cipralex.
Tres días sin ella. Que migra al sur para no volver.
Estoy en la cama, al lado de mi amado, y me pregunto por otros caminos que podría haber tomado. Todo es silencio en nuestro hogar de 60 metros cuadrados. Solo su respiración... y el mar refrejando sus ondas en la pared.
Hace demasiado tiempo que no escribo. Esto son casi como cartas para mí, para recordarme que hay alguien más bajo toda la vida que he montado, está Ana, está Di, está Pusky. Soy niña, adolescente y mujer, en un mismo cuerpo pero no sé si a la vez. No sabía cuanto echaba de menos la soledad, el tecleo y el humo del tabaco.
Y sí, las cosas han cambiado, hay amor y hay problemas, hay cientos de charlas para subir el ánimo, que también cambia constantemente.
Soy una montaña rusa de dieciséis años, soy una mujer que ama, soy una niña que llora y sufre.
Me siento agotada, y no puedo dormir. Me siento alegre y me río a carcajadas. Y me siento terriblemente sola, cuando mi teléfono suena tan solo para hablar de reuniones y organización. ¿Quién tiene amigos hoy en día? Pues mucha gente, pero no yo.
Ya no sé de qué color pintar mi vida para que sea lo que yo deseo.
Gracias al dios del trueno, le tengo a él. El resto son todo ruinas, que caen día a día, piedra a piedra, sobre mi espalda de columna torcida.
Cada día que pasa tengo una nueva pena, más insomnio, y más adicción a cualquier nueva pastilla para dormir.
Tres días de cipralex.
Tres días sin ella. Que migra al sur para no volver.
Estoy en la cama, al lado de mi amado, y me pregunto por otros caminos que podría haber tomado. Todo es silencio en nuestro hogar de 60 metros cuadrados. Solo su respiración... y el mar refrejando sus ondas en la pared.
Hace demasiado tiempo que no escribo. Esto son casi como cartas para mí, para recordarme que hay alguien más bajo toda la vida que he montado, está Ana, está Di, está Pusky. Soy niña, adolescente y mujer, en un mismo cuerpo pero no sé si a la vez. No sabía cuanto echaba de menos la soledad, el tecleo y el humo del tabaco.
Y sí, las cosas han cambiado, hay amor y hay problemas, hay cientos de charlas para subir el ánimo, que también cambia constantemente.
Soy una montaña rusa de dieciséis años, soy una mujer que ama, soy una niña que llora y sufre.
Me siento agotada, y no puedo dormir. Me siento alegre y me río a carcajadas. Y me siento terriblemente sola, cuando mi teléfono suena tan solo para hablar de reuniones y organización. ¿Quién tiene amigos hoy en día? Pues mucha gente, pero no yo.
Ya no sé de qué color pintar mi vida para que sea lo que yo deseo.
Gracias al dios del trueno, le tengo a él. El resto son todo ruinas, que caen día a día, piedra a piedra, sobre mi espalda de columna torcida.